LOS CULTOS DE MAYO AL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SALUD Y DE LAS AGUAS
En la tarde del ultimo sábado del mes de abril tiene su conocimiento cada año una de las tradiciones devocionales con más arraigo en Antequera; los cultos al Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas. Desde ese día y hasta finales del mes de Mayo el templo parroquial de San Juan Bautista, enclavado en el casco antiguo de la ciudad en el barrio del mismo nombre que la parroquia, será centro del peregrinar de multitud de antequeranos que rinden su fervor a tan venerada Imagen de Cristo crucificado.
En ese sábado postrero de abril tendrá lugar el traslado del "Señor", así lo llaman comunmente los antequeranos, desde su capilla hasta el altar mayor del templo, en lo que se denomina la "Bajada del Señor", en la que miembros de su hermandad portan a hombros Su cruz en solemne procesión por las naves del templo, para ser entronizado bajo dosel en el altar mayor, ante la presencia de muy numerosos fieles allí congregados. Pero será a partir del día uno y hasta el día dieciocho del mes de mayo cuando tendrán lugar las funciones y los dos novenarios que se celebran al Señor dela Salud y de las Aguas. Día tras día acudirán sus devotos desde primeras horas de la mañana hasta la noche sin solución de continuidad para el rezo de su novena, cuyo texto permanece inalterado desde hace al menos casi siglo y medio, el más antiguo ejemplar que se conoce es del año 1856. Mas serán los cultos ofrecidos por gremios profesionales y laborales así como diferentes asociaciones de la más diversa índole en sus solemnes funciones de cada tarde, lo que constituye SU rasgo más singular y característico que se mantiene año tras año, en un signo de vinculación de los diferentes colectivos de la ciudad con esta devoción. Sirva de ejemplo para damos referencia de esta secular vinculación, que la cruz sobre la que se expone al Cristo es una donación de los miembros del gremio de la lana, de tan Importante presencia en Antequera en pasados siglos, del año 1700.
El domingo siguiente al día dieciocho el Señor de la Salud y de la Aguas es llevado en su trono y bajo el personalísimo palio neogótico de finales del siglo XIX, en multitudinaria procesión por las calles de Antequera.
Esa tarde, en su acompañamiento junto a miles de antequeranos portando sus cirios, se congregaran muchos devotos venidos de diferentes puntos de la comarca y tampoco faltará la presencia de numerosos antequeranos ausentes de su tierra y que mantienen, superando la distancia física, esta devoción trasmitida de generación en generación y que cada año los convoca en este día para "alumbrar al Señor".
El recorrido procesional transcurre por alguno de los bellos rincones del paisaje urbano de Antequera, comienza con la travesía de la calle Niña de Antequera presidida a su Izquierda por el Castillo que a su mediación dejará relevo a la Imponente Colegiata de Santa Maria la Mayor mientras que a su derecha y una vez superada la Ermita de la Virgen de Espera, antigua puerta árabe, se nos abrirá la bella vista de la vega con la Peña de los Enamorados. Buscará posteriormente la Cuesta de la Rojas, con sus casas de abolengo, para desembocar con el trono Inmerso en un mar de fieles, en la plaza de las Descalzas donde conventos e Iglesias serán fondo de una bella estampa. Una vez realizado su recorrido por el centro de la ciudad, retornará de nuevo las cuestas en su recorrido; la de Zapateros, Viento y Caldereros, subido el trono al peculiar paso de "a la vega". Para ganar con rapidez la plaza del Portichuelo y adentrarse, ya en su barrio, por la empinada Cuesta Real, donde los "hermanacos" que portan el trono, vestidos con la típica "ropa de hermanaco" antequerana, tendrán nueva oportunidad para demostrar su pericia y esfuerzo en este tramo final para llevar al Señor a su templo.